Al morir es tragado por un pez gigante llamado Dag. Dag es Dalet Guimel, iniciales de Din Gadol, Gran Juicio, al que es sometido el alma al morir.
Esto significa que Yoná ahora se encuentra en las entrañas del gran juicio y ahí permanecerá durante tres días
El Gaón de Vilna explica que después de fallecer la persona tarda tres días en admitir y asimilar que todo terminó. Debido a esto, nuestros Sabios destinaron los primeros tres días después del fallecimiento de un ser querido para llorar su partida (siendo siete en total los días para guardar luto).
Durante este terrible periodo, el alma ruega a Dios por una nueva oportunidad. La pregunta es, ¿qué podría argumentar el alma para volver a merecer la confianza Divina? ¿Por qué Dios permitiría al alma regresar nuevamente al cuerpo, esperando que, ahora sí todo
será diferente? Está más que comprobado que no reaccionaba a las señales y avisos que recibía para regresar al buen camino. Un buen argumento podría ser que al final de sus días comenzó a comportarse de acuerdo a lo que Dios esperaba de él. De esta forma podría solicitar una segunda oportunidad con el siguiente argumento: “Dios, estoy consciente de que fallé cumplir mi misión. De hecho, intenté en todo momento huir del propósito para el que fui enviado. Sin embargo, demostré que estaba en mis manos conseguirlo. Mi problema fue que desperté y lo comprendí demasiado tarde. Por ello, te ruego que en mérito del esfuerzo que puse al final del camino, me permitas intentarlo de nuevo”
De igual forma, arrojar objetos del barco se refiere a la tzedaká, mientras que remar en dirección a tierra firme significa hacer teshubá en un intento de regresar al buen camino. Sin embargo, nada de ello surtió efecto, pues finalmente la única solución fue que Yoná (el alma) descendiera del barco (el cuerpo). Por lo tanto podemos concluir que, después de todo, los intentos tardíos por regresar al buen camino sirvieron de algo: merecer una segunda oportunidad, como dice el refrán, “Más vale tarde que nunca”.
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