Imagina por un momento la concurrida calle de una gran ciudad, como Londres. Miles de personas con prisa, inmersas en su día. En esa marea de gente, una figura se alza, sosteniendo un cartel como un hombre anuncio. Pero este cartel no vendía nada. No pedía ayuda. Tenía un mensaje tan agresivo, tan repugnante, que hacía que la gente se detuviera en seco. En letras mayúsculas, el cartel decía: FUCK THE POOR. ¿Qué crees que pasó? Corría el año 2014, y una ONG británica lanzó un experimento social que no buscaba la caridad, sino la indignación. El hombre con el cartel, que repartía folletos con frases como "Los pobres son una carga" o "Ojalá alguien los eliminara", se convirtió en un imán de la rabia. La gente le gritaba, lo insultaba, se detenía a discutir. Un policía tuvo que intervenir. La injusticia, la bajeza de ese mensaje, era un golpe directo a lo que creían que era correcto. El mundo se detuvo para condenar lo que estaba mal. Y ahí está la primera gr...
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