La Reencarnación no hay que verla solo como un castigo, sino más bien como una bondad de Dios para que reparemos. Por eso Jésed y Neshamot, ambas palabras suman guemátricamente 72.
En el libro Shaar HaGuilgulim (Introducción 33) dice Rabí Jaim Vital, en nombre de su maestro, el Arizal, que después de su pecado, Adam se quedó con el 2% de su alma y el 98% restante quedó en una especie de depósito para ser reparada. Después de 1948 años desde la creación de Adam vino al mundo Abraham Abinu, quien inició una búsqueda del Creador y descubrió la misión del ser humano en la Tierra. Al conocer a Dios, Abraham Abinu pidió ser Su servidor y el iniciador de un pueblo elegido, a lo que Dios respondió: “Está bien. Pero tu descendencia será esclavizada y afligida durante 400 años bajo un régimen extraño” (Génesis 26 14:13).
Esto no se entiende. ¿Acaso Abraham Abinu pidió algo malo? Aparentemente, Dios tendría que haberlo recibido con los brazos abiertos y con buenas noticias, no anunciándole dificultades para sus descendientes. Esta pregunta se debe a la falta de entendimiento que tenemos sobre lo que pidió exactamente Abraham. No pidió solamente llamarse “Pueblo Elegido”, sino la reparación del alma de Adam y Javá.
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