El Secreto de Baruj Mordejai: Una historia del Jatam Sofer
La época del Jatam Sofer fue una época extraordinaria. Él era un gigante en la Torá, rabino y mohel. En su comunidad vivía un hombre rico que, tras años sin hijos, finalmente tuvo un varón. Estaba tan emocionado que cerró su fábrica durante un mes entero para celebrar el nacimiento de su hijo; no podía tener hijos y ahora, por fin, Hashem lo había bendecido.
El Jatam Sofer fue el mohel. Durante la ceremonia, el Rabino puso un dedo con vino en la boca del bebé y dijo: "Cuando el vino entra, el secreto sale". Era muy inusual decir eso sobre un pequeño bebé de solo 8 días. Le preguntaron al Rab cuál era el significado de esas palabras, pero él no respondió. El padre del bebé insistió varias veces, pero fue en vano. Llamaron al bebé Baruj Mordejai (como se dice en la festividad: Arur Hamán, Baruj Mordejai).
Una infancia difícil y un acto de bondad
Al llegar a la niñez y empezar a estudiar, el niño estudiaba en voz alta, pero no tenía aprendizaje; era pura confusión. Solo conocía el Alef-Bet, pero a pesar de eso, estudiaba cada día con esfuerzo.
Un día se encontró con el Jatam Sofer en la calle. Llovía mucho y al Rabino le costaba pasar por los charcos; ya era mayor y estaba pasando un mal momento a punto de meterse en el agua. Baruj Mordejai, sin dudarlo, lo alzó y lo llevó cargado hasta el Beit Midrash, bajándolo suavemente para no lastimarlo.
El Rab le dijo: "Gracias, querido hijo. ¿Qué bendición deseas?".
El niño respondió: "Quiero tener Irat Shamaim (Temor del Cielo) y nunca ser arrogante".
El camino a Jerusalén
El Jatam Sofer falleció. Baruj Mordejai llegó a los 20 años de edad y nadie quería casarse con este joven que parecía ignorante. Fue entonces donde el hijo del Jatam Sofer (el Ktav Sofer) y le pidió consejo. El Rab conocía su historia, así que sabiamente le aconsejó irse de ahí y mudarse a Jerusalén.
Cuando llegó a la Ciudad Santa, descubrió dónde vivía el Rab Yeshaya Bardaki. Fue a preguntarle si podía alojarlo. El Jajam vio en él muy buenos modales y creyó al principio que era un gran erudito, pero no demoró en notar lo contrario. Entendió que sería difícil encontrarle pareja, así que lo dejó trabajando en la limpieza. Incluso las personas se burlaban de él. Al final, una mujer pobre aceptó casarse con él.
El Aguador Honesto
El tiempo pasó y el Rab Bardaki murió. Baruj intentó ganarse la vida y pensó: "¿Y si soy aguador? Todos necesitan agua". Ya habían dos aguadores en la ciudad, pero a todos les gustaba más tratar con él. Era muy sincero; no robaba ni una gota. De hecho, en momentos específicos o si le parecía que debía algo a alguien, daba agua gratis a todos. Una de sus cosas favoritas era darles agua a los Jajamim (sabios).
Un día fue donde el gran Maharil Diskin (Rabí Yehoshua Leib Diskin). Tan pronto como Baruj supo que el Rabino se había mudado a la ciudad, fue allí y le preguntó si lo aceptaba como su cargador de agua. El Rabino le dijo que claro que sí, pero de repente se detuvo y dijo: "Baruj Mordejai nunca llevará mi agua".
Baruj Mordejai estaba desconsolado; lloraba y leía Tehilim sin parar. Su esposa le preguntó qué pasó y él le contó. Un día, al ver a la esposa del Rabino, ella le preguntó: "Seguramente mi esposo no sabe mucha Torá, pero no es más malvado que cualquiera de los portadores de agua. Es una persona realmente buena. ¿Por qué no puede llevar su agua?".
La esposa del Rabino respondió: "Mire, mi esposo nunca se equivoca al ver a un hombre. Si no quiso, por algo debe ser". Esto la dejó más confundida, pero la vida continuó.
El Secreto Revelado
A los 70 años de vida de Baruj Mordejai, hubo una celebración de Purim con muchos Jajamim reunidos. Los eruditos estaban allí y Baruj Mordejai quería estar cerca, aunque fuera un poco, e intentaba acercarse a ellos.
El Rab Shmuel Salant estaba compartiendo Torá y vino. Baruj Mordejai se acercó y le dijo: "¿Sabe? Hoy se cumplen 70 años de que tuve mi Brit Milá".
El Rab Shmuel le entregó una copa de vino y le dijo que tenía razón en celebrar. Baruj se bebió toda la copa cumpliendo con el mandato del Rab. De repente, Baruj saltó y se puso a bailar, aparentemente sin sentido. Quisieron sacarlo, pensando que estaba borracho y molestando, pero el Rab lo defendió.
Luego le dijeron: "Di palabras de Torá". Y entonces ocurrió el milagro: Baruj empezó a recitar tratados enteros (Masejet) de memoria con sus explicaciones profundas.
Luego, completamente exhausto por el vino, se quedó dormido y todos quedaron sorprendidos. Al despertar, se dio cuenta de que su secreto había sido revelado. "Cuando el vino entra, el secreto sale".
La resolución del misterio:
En ese momento, todos comprendieron lo que había sucedido años atrás con el Maharil Diskin. El Rabino, con su visión santa (Ruaj Hakodesh), había visto que el "simple aguador" era en realidad un gigante espiritual. Por eso se negó a que le llevara el agua: no podía permitir que un Tzadik tan grande le sirviera como un criado.
Hasta este día, él estuvo escondiéndose. Y aunque fue muy respetado por todos desde entonces, cuentan que Baruj Mordejai lloró amargamente al ser descubierto, pues había perdido su tesoro más preciado: servir a Hashem desde el anonimato total.
Reflexión Final:
Esto muestra lo importante de trabajar en la perfección de uno mismo y no en buscar los honores o el dinero. Si nuestro camino no nos está acercando a Hashem y enseñándonos cómo hacerlo mejor, cómo servirle mejor a Él, entonces estamos perdiendo el tiempo.
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