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Introducción
Discurso de Nissim ben Yaakov
Mi señor y mi amigo: que Dios te guarde y te proteja, que tu Creador te ayude desde el vientre materno, que alargue tus días y haga prosperar tus propósitos.
Me expresaste en tu grata carta lo que te ha ocurrido debido al desaliento, la angustia y el suspiro del alma tras el fallecimiento de tu hijo —que su descanso sea en el Edén—. Que Dios repare tu quebranto y te bendiga con hijos dignos de una vida prolongada.
Asimismo, recordaste en tu escrito que deseas leer un libro que te consuele, alegre tu corazón y aparte tu angustia y el peso de tus suspiros. Me hiciste saber que los herejes poseen un libro compuesto sobre la salvación después de la tribulación y la angustia. Por respeto a tu honor —el cual es muy estimado por mí—, por tu gran valía y por tu anhelo de las palabras de la Torá, me pediste que compusiera para ti un libro en esta materia, basado en los relatos de los sabios y piadosos —nuestros maestros, que su memoria sea para bendición—, para que no tengas necesidad de leer libros ajenos a nuestra Torá.
Me apresuré a cumplir tu solicitud y tu ruego. Aunque no me considero apto ni digno de escribir libros, mi deseo es satisfacer tu voluntad, cumplir con tu anhelo y corresponder a tu afecto, y ellos me ayudarán en todo esto. Pido al Santo, bendito sea Él, que me auxilie y me guíe por el camino recto.
Por mor de la verdad, antepuse la redacción de este libro a mis ocupaciones habituales, debido a tu honor, a la grandeza de tu dignidad y a la sabiduría que veo en ti. Además, confío en el Creador —bendito sea Su nombre— en que multiplicará mi recompensa y mi labor para el mundo venidero. Tal como dijeron nuestros maestros, que su memoria sea para bendición: cuán grande es la recompensa de quien alegra el corazón de un hombre afligido y agobiado, consuela un alma adolorida y entristecida, y habla a un corazón doliente abrumado por el pesar y los suspiros. Su galardón es grande, y su obra y su recompensa son plenas.