Capítulo Segundo
Después de que en el capítulo anterior engrandecimos el nivel del que intenciona, es apropiado reflexionar que en el asunto de la intención en las Sefirot hay una pequeña dificultad. Se halla en el Sifré respecto al versículo: Como el Señor nuestro Dios en todo nuestro llamar a Él, que significa: a Él y no a Sus atributos o midot. Y así es correcto, porque ¿cómo es posible pedirle al siervo del rey y no al propio rey? No es digno rezar sino al Dueño de los tesoros, entonces, ¿por qué habríamos de adscribir todas nuestras oraciones a las Sefirot? En especial considerando que todas las palabras actúan como apelativos hacia ellas. Si uno dirige la intención a las Sefirot, resultaría que todas sus oraciones aluden a ellas y no quedaría intención alguna dirigida a la Fuente de las fuentes.
Segundo, porque ¿cómo es posible fijar la intención en los atributos? Cuando el hombre imagina en su mente una de las Sefirot, por obligación la limitará y la corporificará, ya que ¿qué podría imaginar en el terreno de la pura espiritualidad? Todo lo que el hombre concibe en su pensamiento es corpóreo, y la visión de su intelecto no puede imaginar la espiritualidad a menos que la corporifique y la limite. Si esto es así, resulta que la intención directa en las Sefirot es imposible.
Tercero, porque cuando el hombre piensa en un atributo específico, por obligación está separando, puesto que imagina en su intelecto un atributo aislado del resto. Esto ciertamente no es correcto, pues estamos obligados a meditar en su unificación como ya es sabido.
Ahora explicaremos que, para reparar estos inconvenientes, se necesita antes que cualquier cosa saber que el Infinito o Ein Sof, Rey de reyes de reyes, el Santo, bendito sea Él, no posee nombre ni palabra que lo limite, Dios libre. Tampoco existen atributos justificados en Su esencia, debido a que no experimenta cambios ni posee títulos reales; no cambia de voluntad a voluntad ni de acción a acción. Por lo tanto, no es apropiado que el hombre fije su intención en Él pretendiendo llamarlo El, Eloah, Elohim o con el resto de los nombres y apelativos, ya que estos nombres operan en las Sefirot.
Cuando decimos que están en las Sefirot, no nos referimos a fijar la intención en las Sefirot in sí mismas, Dios libre, porque quien hace esto cae en una fosa profunda, y sobre un caso así advirtieron en el Sifré: A Él y no a Sus atributos. Nuestra intención debe ser como explicamos en la Puerta de la Esencia y los Vasos o Shaar Atzmut VeKelim: la intención consiste en que Él es llamado Poderoso o Guibor en el atributo de la fuerza o Guevurá, porque Él es quien otorga la fuerza en la Guevurá para actuar. Por lo tanto, quien intenciona necesita concentrarse al decir El Dios el Grande en que alude a la Grandeza o Guedulá, y la palabra misma se ubica en la Guedulá; sin embargo, su intención se dirige a la Esencia o Atzmut que se extiende dentro de la Guedulá, y lo mismo ocurre en la Guevurá y el resto de las Sefirot. Resulta entonces que las palabras sirven de títulos para las Sefirot, pero la intención va hacia el Infinito o Ein Sof, que se sirve de ellas y se viste en ellas. Así lo explicó Rabbí Shimón bar Yojai en la introducción de los Tikunim: En todo lugar y en todo hablar se necesita intencionar la palabra o dibbur en ADONAY, la voz o kol en YHVH, y unificarlos como uno en la unificación. Ella es el Único oculto que los conecta y los unifica como uno, y en Él se necesita la intención que no depende de expresar voz ni palabra, sino puramente el pensamiento.
Aquí se ve explícitamente que el Nombre de Cuatro Letras o Tetragrámaton está en Tiféret, y el eje común de toda la oración reside en él; por lo tanto, toda voz que sale de la boca alude a él. La palabra o dibbur se fija en ADONAY, que es Maljut. Pero el pensamiento se dirige al Infinito o Ein Sof, por el cual se unifican estos dos atributos. No hay en toda la oración algo que aluda directamente a Él, sino únicamente la intención que el hombre concentra en Él: que Él es el Todo, y que Él es quien unifica los atributos y los hace fluir. Esto corresponde al secreto de la Esencia que se extiende dentro de las Sefirot, por medio de la cual las Sefirot obtienen la fuerza para actuar, y por la cual se le adscriben a Él las acciones, como se detalló en la Puerta de la Esencia y los Vasos.
Sin embargo, en el asunto de las Sefirot, la intención no busca que el hombre se las represente de forma corpórea, porque esto es imposible. La intención radica en que las Sefirot contienen diez manifestaciones del Nombre de Cuatro Letras, como se explicó en la Puerta del Nombre de Cuatro Letras, las cuales se dividen según su vocalización de la siguiente manera:
- Kéter Elyón o Corona Suprema: יָהָוָהָ y su vocalización es toda con Kamatz, que indica el nivel de Kéter. Las cuatro letras que contiene indican las diez Sefirot que hay en él para que no exista separación, Dios libre.
- Jojmá o Sabiduría: יַהַוַהַ y todo él con Pataj, siendo el nombre en el cual se revelará la Jojmá.
- Biná o Entendimiento: Tiene el nombre יֵהֵוֵהֵ y todo él con Tzeré, siendo el nombre en el cual se revelará la Biná.
- Jésed o Bondad: Tiene el nombre יֶהֶוֶהֶ y todo él con Segol, siendo el nombre en el cual se revelará el Jésed.
- Guevurá o Fuerza: Tiene el nombre יְהְוְהְ y todo él con Shevá, siendo el nombre en el cual se revelará la Guevurá.
- Tiféret o Esplendor: Tiene el nombre יֹהֹוֹהֹ y todo él con Jolam.
- Nétzaj o Victoria: Tiene el nombre יִהִוִהִ y está vocalizado todo con Jirik, siendo el nombre en el cual se revela el Nétzaj.
- Hod o Majestad: Tiene el nombre יֻהֻוֻהֻ y está vocalizado con Kubutz de labios o Shuruk.
- Yesod o Fundamento: Tiene el nombre יוּהוּוּהוּ y está todo con Shuruk.
- Maljut o Reino: Tiene para ella el nombre יהוה el cual se presenta sin vocalización alguna sino simple, y su vocalización depende de la recepción del momento.
Ahora, quien intenciona se concentrará en estos nombres y elevará en su mente que no hay nada que pueda aludir al atributo deseado sino la Existencia o Havayah representada en su pensamiento, la cual consiste en las cuatro letras vocalizadas según su correspondencia. Entonces andará seguro su camino sin temor ni sobresalto. También intencionará que en estas cuatro letras están incluidas las diez Sefirot, para aludir a que las diez Sefirot están conforme con las acciones de aquel atributo que busca despertar.
Qué bueno y qué agradable resulta si desea representar estas Existencias en sus respectivos colores, porque entonces ciertamente su oración aprovecha todavía más, siempre con la condición de mantener en su intención que no hay en este mundo cosa que pueda asemejar la acción de aquel atributo sino un color conocido. Debido a que los colores ya se multiplicaron para nosotros en la Puerta de los Colores, no los explicaremos aquí; cuando el lector desee intencionar, tiene aquella puerta por delante, y con esto evitamos errar en ninguna de las tres advertencias que mencionamos en este capítulo.
Fuera de esto, las condiciones específicas para la intención las explicaremos en un capítulo por separado, con la ayuda de Dios y Su fuerza.