Si se presenta la situación en que vemos a alguien hurtando (intentando que el dueño no lo vea), hay que convencerle o persuadirlo incluso con susto de denunciarlo, de que no robe lo que intenta robar y que lo devuelva. Pero si es una persona armada o sabemos que es peligrosa, no tenemos la obligación de hacer esto en aras de proteger nuestra propia vida.
Si no lo hacemos, nos convertimos en complices y considerados tambien ladrones ante el cielo.