24:10
Lo deseado en este capítulo es observar el asunto de los ángeles bien, y la razón de la elevación del alma por encima de ellos. Y el asunto es que todas las cosas en los cielos de arriba y sobre la tierra de abajo, todas ellas fueron emanadas de un lugar elevado; y por eso los piadosos eran cuidadosos de no hablar en menosprecio de ninguno de los creados. Y el asunto es que los cuatro elementos superiores son: Guedulá (Grandeza) es el fundamento del agua, Guevurá (Fuerza) es el fundamento del fuego, Tiferet (Belleza) es el fundamento del viento, Maljut (Reinado) es el fundamento de la tierra. Y ellos están unificados en una unificación verdadera y fuerte, como escribimos en los capítulos anteriores.
Y he aquí que por medio de estos cuatro elementos superiores emanados y sutiles, se formaron los cuatro elementos en el orden de la Atzilut (Emanación), la Beriyá (Creación), la Yetzirá (Formación) y la Asiyá (Acción), grado tras grado, de causa a efecto, de Atzilut a Beriyá, y de Beriyá a Yetzirá, y de Yetzirá a Asiyá.
Y he aquí que todas estas cuatro graduaciones están en cada una de las graduaciones en sí mismas, pues en Atzilut mismo hay ABiYA y todos son Atzilut; y en Beriyá misma hay ABiYA y todos son Beriyá, y así para todas las graduaciones. Y este asunto se compara al refinador de plata que separará cada especie en sí misma en cuatro especies: la primera es plata pura en la que no hay escoria en absoluto; la segunda, plata que desciende un grado por debajo de la plata pura; la tercera, plata que tiene aproximadamente la mitad de escoria; y la cuarta, plata que en su mayoría es escoria. Y es imposible que la plata pura sea toda ella plata que no tenga escoria en absoluto (por igual), sino que necesariamente tiene también cuatro partes que se relacionan con la medida de la pureza de la plata según la medida de las cuatro partes primeras en sí mismas. Ejemplo: la plata pura que no se puede limpiar más, esta es una parte pequeña de la parte de la plata; y una segunda parte, que es plata pura pero no como la primera, porque debido a la limpieza de la plata anterior no se le llamará "pura" totalmente; y así se hará una tercera parte, que es la pura a secas y no como la segunda; la cuarta, la plata que tiene una mezcla de escoria pequeña hasta que no es considerada para nada. Y así podemos dividir cuatro divisiones en la segunda, y así en la tercera, y así en la cuarta. Resulta asimismo en ABiYA, que la Asiyá que está en Atzilut es cabeza para el Atzilut que está en Beriyá, y la Asiyá que está en Beriyá es cabeza para el Atzilut que está en Yetzirá, y la Asiyá que está en Yetzirá es cabeza para el Atzilut que está en Asiyá. Y de estos cuatro encadenamientos de grados se encadenaron todos los mundos: de Atzilut a Beriyá, de Beriyá a los Heijalot (Palacios), de los Heijalot a las Kelipot (Cáscaras), de las Kelipot a la existencia de los firmamentos, que son los astros, y de ellos a estos elementos densos y compuestos tal como están ante nuestros ojos.
Y he aquí que se encuentra que Atzilut es raíz para Beriyá, y Beriyá es raíz para Yetzirá, y Yetzirá es raíz para Asiyá. Y así se encuentra que este mundo succiona del lado de la Kelipá (que son los príncipes y sus ministros impuros, pues los setenta príncipes no son tan puros), y los príncipes de la Yetzirá son los ángeles, y los setenta príncipes son medios entre los astros y los Carros. Y los tronos [vienen] de las Sefirot, y las Sefirot de la esencia del Infinito que se extiende y los vivifica, como se explicó. Resulta según esto que los cuatro elementos de los firmamentos son ellos mismos los que están en Yetzirá, y así hasta los superiores. Sin embargo, debido al encadenamiento se espesaron y se revelaron, pues según su lejanía de su fuente así se espesaron y se revelaron. Y según esto, no hay cosa en el mundo sobre la cual no se influya abundancia y luz desde arriba, sino que esa abundancia, según su descenso desde las "espaldas" (que son "rostros" para el resto de las graduaciones inferiores), así se espesarán, se revelarán y se encarnarán de grado en grado según lo apropiado para esa materia turbia, hasta que no encuentres en este mundo cosa que no tenga espiritualidad y vivacidad en algo, según el valor de su cuerpo y su materia, según las graduaciones en que se aleja de la fuente y de la cantera de todas las cosas.
Y he aquí que cuando la materia densa se eleva a la existencia de cercanía de la materia sutil que está sobre ella, he aquí que brillará en ella la medida de luz de esa materia superior. Ejemplo: una lámpara grande ardiendo en medio de una mansión, y debido a la grandeza de la mansión no alumbrará hacia los rincones de la mansión en los extremos, sino una luz pequeña hasta que el hombre no vea a su compañero; y todo el tiempo que el hombre se acerque a la lámpara, alumbrará luz más hermosa y fuerte, hasta que al llegar dentro de sus cuatro codos, se oscurecerán sus ojos por la abundancia de su luz. Así es el asunto aquí, pues al alejarse las cosas de su recinto y de su fuente, se espesan y se encarnan, y se encuentran turbias y toscas con el fin de la tosquedad, como esta tierra, es decir, el elemento tierra, que no se moverá y de su lugar no partirá; lo cual no es así en el agua, porque la tierra es última en grado, y el agua sobre ella es un grado más superior que se acerca más anteriormente, y así sobre ellos el elemento viento, en el cual hay un poco más de movimiento y disposición que en el elemento agua. Y con mayor razón el elemento fuego, que tiene más y más vivacidad, y aprendamos del elemento fuego pequeño que tenemos: no se aquietará ni reposará hasta su subida a su elemento.
He aquí que incluso los elementos, que son cuerpos muertos aparentemente, tienen en ellos una superioridad cada uno sobre su compañero según la medida de la luz de vivacidad superior que fluye sobre él. Y así es el orden de la subida de los compuestos uno sobre otro: sobre el inanimado está el vegetal, y sobre el vegetal el viviente, y sobre el viviente el hablante. Y de esto podemos entender el asunto del alma de la bestia y el resto de los animales, pues cuando esa materia se reúne compuesta de los cuatro elementos y se forma de ella la bestia o esa creación, he aquí que, debido a que los elementos se dibujaron en una forma noble, subieron de grado y se acercaron a la luz vital que fluye, y esa misma luz que fluye en ella es alma para ellos. Y en verdad hay alma vital, y en lo más verdadero no hay en ella alma en absoluto, pues al morir la bestia y separarse, volverá a sus elementos por alejarse de la luz; que no tiene alma, ni espíritu, ni soplo que suba o que baje, y no fue sino como la semejanza de la mosca que vuela en el aire: he aquí que al acercarse a la lámpara [ardiente] brillará en ella la luz y esto se llama su vivacidad, y al alejarse a los extremos de la mansión se apagará la luz sobre ella debido a su alejamiento, y esa es su muerte, y no tiene con qué volver a su fuente ni con qué bajar. Y no hay respuesta de los selectos de los sabios, que la paz sea con ellos, al decir (Eclesiastés 3): "¿Quién sabe si el espíritu de los hijos del hombre, etc., y el espíritu de la bestia desciende abajo a la tierra?". Porque, al contrario, es apoyo para este asunto, pues en el misterio de la reencarnación [9] ella sube hacia arriba. Sin embargo, cuando ella no tiene ese asunto, ella desciende hacia abajo en la separación y su retorno al elemento tierra, y [por eso] dicen que desciende abajo a la tierra al alejarse de la situación y la fuente, y vuelve a sus elementos, y ese espíritu vital volverá cada uno a su elemento: el fuego a su elemento, y el viento a su elemento. Y en esto se entenderá lo que se dijo en el tratado Sanedrín (folio 65): "Rava creó un hombre, lo envió ante Rabí Zeira; él le hablaba y no le respondía. Le dijo: '¿Eres de los compañeros? Vuelve a tu polvo'". Y Rashí explicó allí que hizo esto Rava en su ocupación con el Libro de la Creación. Y esta cosa es difícil, ¿acaso subirá a la mente que hay poder para bajar un alma, espíritu y soplo en ese cuerpo? Y he aquí que esta cosa es de los asombros, que haya poder en la mano del hombre para bajar un alma desde arriba sobre una creación nueva, incluso si su creación fuera mediante el poder de las letras del alfabeto, como explicamos en el Shaar Peratei HaShemot en el capítulo 10. Y si Dios crea una creación, ¿qué superioridad tiene sobre esa creación? ¡Qué asombro!
Y además, ¿cómo no gritará "violencia" aquella pobre [alma] ante su Creador, pues la obligaron a bajar aquí, donde no será completada en él y no subirá por mano de esa alma sino fatiga y carga pesada de este mundo?
Y además, en la frase de Rabí Zeira, "Vuelve a tu polvo", se encuentra, Dios no lo quiera, como un homicida al hacer volver a esa alma con vergüenza de rostro, oprimida y aplastada ante su Creador [sin ninguna perfección]. Sino que, con esta introducción nuestra, se entenderá todo: que cuando aquellos sabios reúnen la reunión de ese polvo y por medio de su sabiduría en sus ocupaciones con el Sefer Yetzirá crean una criatura nueva, he aquí que esa criatura, que tiene forma de hombre, sus partes se reúnen y se elevan hacia arriba al acercarse a su cantera y su fuente, y brillará frente a esos elementos la luz apropiada para ellos, a semejanza de la reunión de las partes de la bestia; y no es que tenga en ella alma, ni espíritu, ni soplo, sino vivacidad a secas, con que es superior a la vivacidad de la bestia debido a la disposición de su forma y su naturaleza, que es más loable que la forma de la bestia y se acercó más a la fuente de la luz que la bestia.
Y he aquí que en el retorno de ese cuerpo a sus elementos no tiene nada, sino como la muerte de la bestia, que se separan las partes y vuelven al polvo literalmente como era, pues polvo es y al polvo volverá. Y por eso no puso sus ojos en él para matarlo, pues no tiene muerte esencialmente, incluso como la bestia. Sino que su retorno al polvo es al instante, y los elementos se dispersan y se separan. Y eso es lo que le dijo: "Vuelve a tu polvo". Y por eso en su muerte y matanza no hay ningún castigo en absoluto, como no hay castigo en la matanza de una bestia, como se explicó. Y ahora, siendo que los elementos se reúnen mediante la pureza y la santidad, la luz que brilla en ellos es la santidad y la pureza; por eso la Torá nos permitió comer parte de la bestia, animal y ave permitidos. Y debido a que parte de ellos es reunión de sus partes mediante las Kelipot, como se sabe, y lo que brilla en ellos es la impureza de las Kelipot, por eso la Torá prohibió [la bestia, etc., prohibidas]. Y con esto entenderemos que todas las cosas en este mundo suben de grado en grado; el agua desciende sobre la tierra, y esa semilla succiona la densidad y la grasa de la tierra, y sus crecimientos, que su elemento es de los densos, [pasan] hacia esa parte del miembro de esa semilla. Y la semilla crece y se hace hierba; brilla en ella una luz más loable que la luz de los elementos debido a su reunión y su cercanía a la fuente. Y entonces, lo que estaba bajo el ángel encargado sobre el elemento tierra sale de su potestad, pues su luz que fluye en él no es sino luz que fluye desde el ángel encargado sobre las hierbas, y en particular el encargado sobre esa hierba, y esto es lo que dijeron nuestros sabios (Génesis Rabá, capítulo 10): "No tienes hierba abajo que no tenga un ángel arriba que la golpea y le dice: 'Crece'".
Y el asunto del golpe, su asunto es sobre el golpe de la luz y su iluminación en esa hierba mediante el ángel, y él es el conducto de la luz oculta en el misterio de la creación del mundo de los ángeles. Y por eso el ángel brilla en la hierba mediante el astro, como se sabe, pues los astros en la Asiyá son ministros y esclavos para la Yetzirá. Y por eso se encuentra en el Zohar que a veces atribuye este asunto a los ángeles y a veces a los astros, y todo es un mismo asunto y no hay en ellos duda. Y volveremos a nuestro asunto: que los elementos simples suben de grado y se hacen parte de miembro de la hierba y se acercan más a la fuente, y después la bestia come esa hierba y se hace parte de miembro de ella y se hace como su forma y se acerca más a su fuente; y según su cercanía a su fuente así se acercará a ella la luz y crecerá en ella la iluminación, como se sabe. Y lo que estaba bajo ese ángel encargado sobre las hierbas sale de su potestad y entra bajo el ángel encargado sobre las bestias, y en particular esa especie, pues el ángel encargado sobre las hierbas no fluye en ella sino luz del ángel encargado sobre esas bestias. Y cuando el hombre coma esa carne, subirá la carne a un grado loable y superior en su cercanía a la existencia del hombre, sobre el cual fluye luz del Rey de los reyes de los reyes, que es el alma superior, como explicaremos con la ayuda de Dios. Y por esta razón al ignorante (am-haaretz) le está prohibido comer carne, porque no tiene cercanía a su fuente por causa de la maldad de sus obras, y es mejor que él la bestia, que está del lado de la santidad, y este [el ignorante] está del lado de la Kelipá en su maldad. Y en ella se entenderá lo que dijeron nuestros sabios (Shabat, folio 108b): "Quien pueda comer pan de cebada, etc.", pues el hombre que pueda elevar mediante su naturaleza al grado del hombre las cosas pequeñas, no es apropiado que se esfuerce en elevar las cosas grandes. Ejemplo: un refinador artesano y sabio que sabe hacer de estaño plata pura, y sabe también refinar la plata y limpiarla, he aquí que según la verdad es apropiado para ese artesano que no se esfuerce sino en refinar el estaño a plata, pues es un grado loable y su provecho es más abundante. Y volveremos a nuestro asunto, que a esto se dirigió el selecto de los sabios al decir (Eclesiastés 3, véase en el Targum y Rashi): "¿Y qué más tiene el hombre que la bestia? No...". Pues el hombre, desde el lado de la reunión de sus partes solamente, no tiene ventaja y superioridad sobre la bestia. Y explicaron los hombres de la Gran Asamblea al decir "fuera de el alma pura, etc.", y así "el alma que pusiste en mí es pura, etc.", "tú la soplaste, etc.", pues el hombre tiene, sobre la reunión de las partes, un alma pura canterada de un lugar santo. Y sobre esto dijeron nuestros sabios: "Israel no está bajo astro, ni ángel, ni serafín", porque ellos son superiores y su alma es superior a los ángeles, como se demuestra en el pasaje que copiamos en el capítulo 8; sino que la luz que fluye sobre ellos es la luz del Señor, bendito sea, que brilla para todos los mundos. Y al contrario, los ángeles aspiran abundancia de los justos, y por eso, al haber un justo en este mundo, incluso los ángeles reciben bien por medio de él. Y este es el motivo de que Israel, mientras el Maestro Moisés (la paz sea con él) estaba vivo, su influencia era mediante la Shejiná literalmente; y cuando pecaron, se dijo (Éxodo 23:20): "He aquí que yo envío un ángel, etc.", porque bajaron de su grado y su superioridad hacia debajo de lo que es efecto de ellos. Y por eso no quiso el Maestro Moisés y respondió: "Si tu rostro no va, no nos hagas subir de aquí" (Éxodo 33:14). Y además de todo esto, incluso en sus elementos tienen preparación, como dijeron nuestros sabios (Génesis Rabá, capítulo 14): "El primer hombre fue creado del lugar de su expiación, que es el polvo del altar", por motivo de que allí está el punto del mundo y allí [está] la fuerza de la iluminación de la luz del Rey de los reyes de los reyes, bendito sea, como se sabe. Y esto es "las palabras de los sabios como clavos plantados", es decir: como este clavo, que no se ve de él sino su cabeza, y mediante el hombre entra hasta su profundidad dentro de su plantación en su sutileza y su punta, así las frases de nuestros sabios tienen rostros y profundidad, y no hay fin a su profundidad.
Y he aquí que, mediante este capítulo, se aclaró que los ángeles son sutiles y claros en el misterio de la reunión de sus partes y su cercanía a los elementos superiores; y en este aspecto, el hombre está alejado de él ciertamente, pues no hay grado de reunión de las partes del hombre como el grado de reunión de las partes del ángel. Pero el ángel no tiene en su interior sino luz a secas, al modo de otros que pasan la luz que fluye, y el hombre no es así, pues tiene dentro de sí un alma limpia y clara hasta que, cuando el hombre intensifique el alma sobre las partes de su materia, brillará en él la luz que brilla en su alma, [una] luz superior y más loable que la luz que fluye sobre el ángel, debido a que su alma es de Atzilut, Beriyá, Yetzirá, Asiyá, y no necesita recibir mediante ninguna de las graduaciones, sino mediante sí mismo, pues brillará y recibirá la abundancia del lugar de la fuente de su alma, como se extenderá el asunto en este tratado en el Shaar HaNeshamá, con la ayuda del Cielo.
Y además añadiremos enseñanza sobre el asunto de los ángeles y su asunto en este capítulo, para que se aclare su asunto bien.