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El demonio en la academia: Un fascinante relato del Talmud (Kidushín 29b)


En el Tratado de Kidushín (29b) encontramos un profundo análisis de Rabí Yehudá sobre las obligaciones de estudio, el cual desemboca en un incidente extraordinario que le ocurrió a Rabí Yaakov, hijo de Rav Aja bar Yaakov, en las grandes academias de Babilonia de los primeros siglos de la e.c.

La historia comienza cuando Rav Aja bar Yaakov decide enviar a su hijo a estudiar bajo la tutela del gran sabio Abaye. Sin embargo, cuando el hijo regresó a casa tiempo después, el padre notó algo desalentador: el joven no dominaba de forma profunda ni siquiera uno de los mandamientos. En lugar de haber vuelto convertido en un erudito, su aprendizaje había sido superficial. Ante esto, el padre determinó que la situación requería una medida drástica y le dijo a su hijo que se quedara en casa, pues sería él mismo quien iría a estudiar a la academia.

Cuando Abaye escuchó que el eminente Rav Aja bar Yaakov se dirigía hacia su academia para estudiar, se encontró ante una situación peculiar y peligrosa.

Resulta que en esa academia residía un mazik (un demonio o espíritu dañino). ¿Cómo es posible que un demonio habitara en un lugar consagrado a la Torá? Los sabios explican que este centro de estudios se encontraba apartado de la ciudad, en una zona de campo aislada. Estos entes suelen merodear y atacar con mayor frecuencia en lugares desolados o ruinas. Además, a nivel esotérico, a veces esta clase de espíritus acuden a lugares sagrados buscando recibir un tikún (rectificación), aunque esto obedece a razones espirituales mucho más profundas.

Este demonio en particular era sumamente peligroso. Normalmente, la tradición enseña que cuando dos personas caminan juntas, están protegidas de estas entidades, pero este espíritu era tan fiero que atacaba incluso a grupos de dos personas, ¡y a plena luz del día!

El plan de Abaye y el enfrentamiento en la noche

Sabiendo de la inmensa grandeza y el mérito espiritual de Rav Aja bar Yaakov, Abaye tomó una decisión arriesgada. Dio instrucciones estrictas a todos los habitantes locales: "Nadie debe darle alojamiento a Rav Aja bar Yaakov esta noche".

Al llegar y encontrar que nadie le ofrecía hospedaje, Rav Aja bar Yaakov no tuvo más remedio que dirigirse a la academia (Beit Midrash) para pasar la noche allí.

Durante la oscuridad de la noche, el demonio se manifestó frente al sabio con una apariencia espeluznante: tomó la forma de un dragón o serpiente de siete cabezas.

Cualquier otra persona habría huido o perecido del terror, pero Rav Aja bar Yaakov no se dejó intimidar. Se mantuvo firme y comenzó a rezar con una devoción absoluta. A medida que oraba, el sabio se postraba haciendo reverencias (kenidot). Entonces, ocurrió el milagro: por cada reverencia profunda que el sabio realizaba, una de las cabezas del demonio caía.

Tras siete reverencias, el demonio fue completamente vencido y desapareció, dejando la academia libre de su peligrosa presencia.

La lección de la mañana siguiente

A la mañana siguiente, Abaye y los demás acudieron al lugar de estudio, esperando ver el desenlace. Rav Aja bar Yaakov, aunque victorioso gracias a la intervención divina, les dirigió un severo y constructivo reproche a sus colegas: "Si no hubiera ocurrido un milagro, me habrían puesto en un grave peligro".


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