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6. Jibur Yafé Mehayeshuá - Dos parábolas que compusieron los sabios


Dos parábolas que compusieron los sabios

Ya compusieron los sabios sobre este asunto dos parábolas.

La primera parábola: equipararon a los malvados en la escasez de su piedad y su salida de este mundo vacíos, desprovistos de buenas acciones, como un ladrón que entró en los tesoros del rey y halló muchos bienes, utensilios de plata y de oro, y tomó de todo lo que eligió. Y quiso salir, y halló otros mejores y más importantes que aquellos, y dejó lo que tenía en su mano y tomó otros. Y él iba saliendo, y halló mejores y más respetables que lo que estaba en su mano, y tomó otros. Y estuvo yendo y haciendo así: dejaba lo que tenía en su mano y tomaba los mejores, y estuvo haciendo así toda la noche hasta la luz de la mañana. Y salió sin nada, y huyó y puso a salvo su alma, y lloró, se entristeció y se arrepintió, y dijo: «Puse mi alma en mi mano y entré en el palacio del rey, y hallé muchos bienes, y salí con mis manos vacías; ¡quién me diera haber tomado de ellos!». Y no le aprovechará su suspiro y su arrepentimiento después. Y así los malvados en el mundo: se arrepentirán de lo que pasó por ellos y no hicieron teshuvá [arrepentimiento] ni buenas acciones, y no les aprovechará nada.

Y la segunda parábola (Midrash Eclesiastés): a un zorro que vio un huerto hermoso, bello, bueno, frondoso y lozano, y quiso entrar en él y no halló sendero. Y anduvo andando y buscó la entrada de la puerta del huerto, y se cansó de hallar la entrada. Y halló un agujero pequeño y estrecho, y cavó para entrar por él y no pudo, y afligió su alma hasta que se volvió flaco y delgado, y entró por el agujero al huerto. Y comió y se sació de toda clase de frutos, dátiles, uvas e higos, y los días eran días de vendimia. Y vino el dueño del huerto a cosechar y vendimiar, y el zorro temió por su vida, porque no le era propicio sentarse en el huerto por si su amo lo hallaba allí y lo mataba. Y buscó salir por el agujero por el que había entrado, y no pudo porque estaba gordo y grueso. Y con la mucha angustia con que se angustió a sí mismo y afligió su alma de comida, hasta que vomitó todo y enflaqueció como al principio. Y estuvo yendo y clamando por todo su esfuerzo y su fatiga, por haber metido a sí mismo en peligro, y salió y huyó tal como era al principio, sin ninguna bondad y sin provecho. Y así los malvados: se afligirán y se arrepentirán de sus vidas que pasaron en vanidad sin buenas acciones, y no les aprovechará.

Y el poeta David, que su paz sea en el Edén, nos mandó no envidiar al malvado en su riqueza y su honor, y no culpar con palabras al verle en mucha bondad y holgura, sino que añadamos hacer caridad y piedad, y nos ocupemos en la Torá, pues está dicho: «No tenga tu envidia tu corazón en los pecadores, sino en el temor del Señor todo el día», y está dicho: «No te indignes a causa de los malhechores, ni envidies a los que hacen iniquidad», y está escrito en pos de ello: «Porque como hierba pronto serán cortados», etc.

Y asimismo no nos angustiaremos y entristeceremos si vimos a un justo en la falta de todo, en asedio y estrechez, y azotes vienen sobre él, y le hallaron muchas y malas estrecheces, y malas y fieles dolencias, y muerte extraña, puesto que todo es para bien para él en el mundo, para multiplicar su obra y su paga para el mundo venidero, para contemplar la dulzura del Señor.


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