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46. Jibur Yafé Mehayeshuá - Los grandes en el arrepentimiento (baalei teshuvá) — y dos parábolas sobre esto


Los grandes en el arrepentimiento (baalei teshuvá) — y dos parábolas sobre esto

Y no piense el penitente que su dignidad no es grande para el mundo venidero, pues grande es y más honorable que la dignidad de los justos; puesto que así dijeron nuestros sabios, de su memoria bendita: «En el lugar en donde los penitentes están parados, los justos íntegros no pueden estar parados», debido a que el justo no se ocupó de la vanidad y estudió la Torá todos sus días, y no sabe hacer el mal. Mas el penitente, que se deleitó en los deleites de la transgresión y anduvo por los caminos de su corazón y de su codicia, e inclinó su hombro para soportar el yugo de los mandamientos, que es duro para él, entonces será digno de galardón.

Una parábola de hombres aldeanos que comen pan de cebada, y a veces sin guiso, y se mezcla en su boca como la miel; si el Santo, bendito sea Él, nos hubiera mandado comer cebada, ¿acaso el galardón de los ricos que nunca la comieron no sería maravillosamente mayor que el de los que la comen todos sus días?

Dijeron nuestros sabios, de su memoria bendita, dos parábolas sobre este asunto:

La primera parábola: de un hombre que compró dos vacas y las crio, y las alimentó y las abrevó hasta la saciedad, y les enseñó a pararse en sus pesebreras por la noche, y no se movían de su lugar. Y aconteció un día que huyó la una al campo, y su compañera no se movió de su lugar. Y se preocupó por ella el hombre y se aturdió. Y al cabo de los días, después de que se despidió de la esperanza respecto a ella, regresó a su pesebrera y a su lugar, y se alegró el hombre con ella, y añadió por la noche para darle de comer, y fue ante sus ojos más amada que la primera, puesto que regresó a él y él estaba desesperado de ella.

Y la segunda parábola: de un hombre que plantó dos árboles, el uno dio su fruto, y el segundo no dio nada, y le dolió el corazón al hombre por lo que no dio su fruto y se despidió de la esperanza respecto a él. Con los días, dio fruto, y se alegró el hombre con el segundo árbol más que con el primero. Y así es la dignidad de los penitentes en el mundo venidero.

Y dijeron nuestros sabios, de su memoria bendita (Yomá 88a): «Grande es la teshuvá, pues trae curaciones al mundo», tal como se dice: “Volveos, hijos rebeldes” [Jeremías 3:22], y lo demás.

Y dijeron: «Grande es la teshuvá, pues llega hasta el trono de la gloria», tal como se dice: “Vuelve, Israel, hasta el Señor tu Dios” [Oseas 14:2], "hasta" e inclusive "hasta".

Y dijeron: «Grande es la teshuvá, pues a causa de un solo individuo que hace teshuvá, el Santo, bendito sea Él, perdona a todo el mundo entero», tal como se dice: “Sanaré su rebeldía”, etc., “porque mi ira se apartó de él” [Oseas 14:4]; sanaré la rebeldía de todo el mundo entero.

Y se sabe también que la teshuvá será aceptada de un hombre aun una hora antes de su muerte; y debido a que el hombre no conoce la hora de su muerte, está obligado a retornar todos los días, no sea que muera mañana, y resulta que todos los días del hombre están en la teshuvá, tal como se dice: “Cuando el impío se apartare de su maldad y hiciere juicio y justicia, él hará vivir su alma” [Ezequiel 33:19]. Mira cuán grande es la misericordia del Santo, bendito sea Él, que no creó la enfermedad hasta que creó las curaciones. Tal como dijeron nuestros sabios, de su memoria bendita: Siete cosas fueron creadas antes de que fuera creado el mundo, y una de ellas es la teshuvá, tal como se dice: “Antes que los montes fuesen engendrados... haces volver al hombre hasta la destrucción, y dices: Volveos, hijos de los hombres” [Salmos 90:2-3].

El Santo, bendito sea Él, nos ponga entre los que merecen el jardín del Edén, tal como dijo David, la paz sea sobre él: “Me mostrarás la senda de la vida” [Salmos 16:11], y lo demás. Y a no ser porque me habría explayado, habría recordado la dignidad de los justos y de los penitentes para el mundo venidero, y asimismo el juicio de los impíos en la Gehena, tal como dijeron nuestros sabios, de su memoria bendita, en el Talmud. Y quizás lo recuerde en otro libro.


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