El relato de un sabio que justificó el juicio en la pérdida de sus hijos
Relato (véase en el Midrash Mishlé, versículo Eshet Jayil) de un sabio, uno [de ellos], que tenía dos hijos, hijos de [su] vejez, y por lo mucho de su afecto hacia ellos, los llevaba consigo a la casa de estudio, y no los confiaba a ningún hombre.
Y aconteció un día, día de Shabat, que salió como su costumbre con ellos a la casa de estudio, y ellos se adelantaron a su padre. Y había en el camino una pared inclinada para caer, y cayó sobre los dos muchachos, y su padre vio y se contuvo, y entró a la casa de estudio y rezó su rezo, y a ningún hombre le declaró nada.
Y vino a su casa, y cuando su esposa no vio a los muchachos, le pesó el asunto en gran manera. Y le dijo: «¿Dónde están los muchachos?, ¿por qué los abandonaste?, y no era esta tu costumbre».
Le dijo: «Los dejé junto a un hombre que es como mi alma». Y le dijo: «Fulano, el sabio, me suplicó que almorzasen con él hoy, y al anochecer iré y los traeré, y comerán y beberán».
Y fue el sabio a rezar el rezo de Minjá, y se sentó en su casa, y vio la mujer que no había traído a los muchachos. Y dijo: «Tal vez perecieron los muchachos o murieron», y su esposo no quiso revelárselo, por compasión hacia ella para que no perdiera la razón.
Y le dijo: «Señor mío, te pido una sola cosa». Le dijo: «Di lo que quieras».
Le dijo: «Cierto hombre depositó conmigo un depósito hace días, y ahora vino a pedir su depósito; ¿es tu deseo que se lo devuelva o no?».
Le dijo: «Lo justo y derecho es que te apresures y le devuelvas su depósito».
Le dijo: «Conforme a tus juicios tú has sentenciado: el Santo, bendito sea Él, depositó en nosotros dos depósitos, y ahora envió y los tomó; nosotros estamos obligados a contenernos y justificar Su juicio sobre nosotros, y a alabarlo y bendecirlo por el mal así como por el bien».
Y se consoló el hombre con las palabras de ella, y se contuvo, y se asombró de su inteligencia, su entendimiento y su piedad. Y ambos justificaron el juicio del Creador sobre ellos.
Y aconteció en aquella noche que vino el dueño de la casa [de] la pared que cayó para sacar los maderos, las vigas y los enseres de la casa, y halló a los muchachos vivos, y los condujo a su casa, a sus padres, mientras ellos se consolaron el uno con el otro y justificaron el juicio de su Creador.
Entraron hacia ellos, los vieron y se asombraron el uno al otro, los besaron y los abrazaron, y les preguntaron cómo se salvaron.
Y les dijeron: «Cayó la viga y se inclinó sobre ella la pared, y después cayó la pared sobre la viga, y escapamos debajo de la viga».
Ven y contempla cuán grande es la recompensa de estos justos por lo mucho de su contención, pues el Santo, bendito sea Él, les dio una parte de su recompensa en este mundo, y la recompensa permaneció existente para el mundo venidero.