El relato de Abaye y su vecino el barbero
Abaye estuvo entristecido y atónito muchos días a causa de que le dijeron que su porción para el mundo venidero era con fulano, el barbero su vecino, quien le daba la paz a Abaye en cada víspera de Shabat.
Y le dijeron en un sueño: «Sabe que este hombre, hay en él buenas obras que no podrás hacerlas, pues él hace un lugar especial para las mujeres para la sangría, para que no sea descubierta [su desnudez] ante los hombres, porque tiene una túnica ancha, y el lugar de la sangría en ella tiene muchos agujeros, y cuando le hace una sangría a una mujer, la viste para que [ningún hombre] mire en ella.
Y además tiene un lugar fuera de su tienda; ponen allí su pago, sea poco o sea mucho, y aquel que no tiene qué dar, viene sin vergüenza y hace toda su necesidad y se va por su camino. Y él no sabe quién dio y quién no dio nada.
Por tanto, el lugar está oculto a la vista de sus ojos, para que no lo vea, y de noche abre y toma lo que halla y se sustenta de ello con los de su casa, y da en caridad una parte de ello. Por eso él es digno de estar en el recinto de los justos».
Y el asunto pareció bueno a los ojos de Abaye, y su alma se aquietó, y se apartó de su tribulación y de su gemido.