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22. Jibur Yafé Mehayeshuá - El relato de la virgen y la viuda, de las cuales se aprende el temor al pecado


El relato de la virgen y la viuda, de las cuales se aprende el temor al pecado

Y ya se halla entre ellas una penitente cabal, pues dijo rabí Iojanan: «Aprendimos el temor al pecado de una virgen, y la recepción de la recompensa de una viuda».

La virgen, ¿cuál es [el caso]? Pues dijo: «Cierto día vi a una muchacha virgen que caía sobre su rostro y decía: "Señor de los mundos: creaste el Jardín del Edén, creaste el Guehinom, y creaste justos para el Jardín del Edén y malvados para el Guehinom. Sea la voluntad delante de Ti de que no venga a mis manos tropiezo ni obstáculo por medio de mí, y que no tropiece en los hombres para que herede el Guehinom"».

Y vi a una viuda que vino a la sinagoga, y había una sinagoga otra cercana a su casa, y le dije: «Hija mía, ¿acaso no tienes una sinagoga cercana a tu casa?». Me dijo: «Maestro, ¿y acaso no hay recompensa por los pasos [dados]?».

Por tanto, el hombre debe elegir y acercar a las modestas, y alejar a las rebeldes. Tal como dijeron nuestros maestros, de su memoria bendita: «Siempre venda el hombre todo lo que tiene y cásese con la hija de un sabio de la Torá; si no halló la hija de un sabio de la Torá, cásese con la hija de los grandes de la generación; si no halló, cásese con la hija de los jefes de las sinagogas; si no halló, cásese con la hija de los tesoreros de caridad; si no halló, cásese con la hija de los maestros de niños, mas no con la hija de un am ha-aretz [ignorante de la Torá], porque ellas y sus mujeres son iguales».

Y dijeron además: «Siempre venda el hombre todo lo que tiene y case a su hija con un sabio de la Torá; y cualquiera que case a su hija con un am ha-aretz, es como si la pusiera delante de un león». Y todos los profetas no profetizaron sino para quien casa a su hija con un sabio de la Torá, y para quien hace negocios para un sabio de la Torá, y para quien agrada a un sabio de la Torá con sus bienes. Pues cualquiera que agrada a un sabio de la Torá con sus bienes, es como si estuviera adherido a la Shejiná [la Presencia Divina].

Mas el discípulo mismo, no hay límite para su bondad y para su dignidad, tal como está dicho: «Ojo no vio, oh Dios, fuera de ti», etc.


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