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Robo-Tito y el Botón de Apagado


Robo-Tito y el Botón de Apagado

Esta es la historia de Robo-Tito. Robo-Tito era un robot de metal, brillante y muy fuerte. Tenía tornillos en los codos y una antena en la cabeza que hacía ¡Bip-bop!

A Robo-Tito no le gustaba dormir. Él decía que los robots no duermen, que los robots siempre están listos para la acción.

Cuando llegó la noche y la luna salió, la mamá de Robo-Tito le dijo:

—Tito, es hora de ir a tu estación de carga.

Pero Tito dijo con su voz de robot:

—Negativo. Mis sistemas están al 100%. Voy a construir una torre.

Tito empezó a apilar bloques.

Clac... clac... clac...

Puso uno rojo. Puso uno azul.

Pero, de repente, su brazo derecho hizo un ruido extraño: ñieeeec. Se movía un poquito más lento.

—Qué raro —dijo Tito—. Debe ser un tornillo flojo.

Siguió jugando. Quiso correr una carrera alrededor de la alfombra.

—Corriendo a máxima velocidad —anunció.

Pero sus piernas de metal ya no iban rápido. Hacían un ruido pesado: Pum... chhh... Pum... chhh...

Sus luces, que eran de color verde brillante, empezaron a parpadear y se pusieron de color amarillo.

Parpadeo... parpadeo...

—Alerta, alerta —dijo Tito bajito—. Mi energía está bajando al 50%.

Tito intentó levantar un cochecito de juguete, pero pesaba muchísimo. Sus dedos de pinza se abrieron despacito y el cochecito se cayó al suelo.

Tito bostezó, aunque los robots no deberían bostezar.

—Solo necesito... un poquito... de aceite —dijo, pero su voz ya sonaba pastosa y lenta, como una grabadora vieja sin pilas.

Miró su camita (su estación de carga). Parecía muy cómoda.

—Quizás... si me acuesto un segundo... mis luces... se arreglen.

Tito caminó hacia la cama arrastrando los pies de metal. Rasss... rasss...

Se sentó. Sus luces cambiaron de amarillo a rojo suave.

Bip... (silencio)... Bip...

Se tumbó boca arriba. Sintió que sus cables se relajaban. Sintió que sus tuercas dejaban de apretar. El ventilador que tenía en el pecho empezó a girar más despacio, haciendo un ruido blanco y constante: hmmmmmmmmmmmm...

—Sistemas... apagándose... —susurró Tito.

Sus ojos, que eran como dos linternas, se fueron cerrando. La luz se hizo una rayita, hasta que desapareció.

Clic.

Su mamá robot se acercó, le dio un beso en su frente de metal y susurró:

—Modo de reposo activado.

Y así, el robot más fuerte de la casa se quedó totalmente quieto, recargando sus baterías para mañana.

Hasta mañana, Robo-Tito.


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