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3. Jibur Yafé Mehayeshuá - rabí Yehoshua ben Jananiah y el ciego


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El relato de rabí Yehoshua ben Jananiah y el ciego

Y ya cuestionó este versículo un rey de entre las naciones del mundo, y le dijo a rabí Yehoshua ben Jananiah: «¿Acaso no está escrito en vuestra Torá: "Porque todos sus caminos son juicio", y cómo sus juicios son justos y sus caminos son juicio, y nosotros vemos con nuestros ojos que Él daña a quien no tiene pecado ni culpa, ya que crea a algunos seres humanos con defectos en ellos —ciego o cojo, o sordo o mudo—, y no hay en su mano iniquidad? ¿Acaso esto no es inicua [acción]?».

Y le dijo rabí Yehoshua: «Ciertamente, a los buenos entre ellos los dañó para multiplicar su recompensa y su obra para el mundo venidero, y a los impíos entre ellos, conforme a su conocimiento, sus obras y su elección en el camino malo, y no en el bueno, y en su apostasía sin fe, y por eso los dañó antes de ser creados. Y si es tu deseo, señor mío, te demostraré este asunto que digo: dame mil dinares y envía conmigo a dos hombres fieles en quienes confíes».

Y el rey le dio lo que pidió, y los hombres fueron con él y los dinares en su mano, hasta que encontraron a un hombre ciego de vientre de su madre [de nacimiento]. Y le dijo rabí Yehoshua: «Sabe que el rey ordenó matarme, y he aquí estos dinares —que son mil— para que estén contigo en depósito, y si me salvo de su mano me los devolverás, y si me ocurre cualquier cosa, serán tuyos como regalo». Y el ciego extendió su mano y tomó los dinares de su mano, y los hombres fieles vieron el hecho. También el ciego se fue por su camino.

Y fue al cabo de los días, que vino rabí Yehoshua al hombre ciego, y le dijo: «Por tu bondad, da el dinero que deposité contigo, porque el Santo, bendito sea Él, me socorrió y me libró de la mano del rey, y yo te daré tu salario por tu molestia y tu carga». Y respondió el hombre ciego: «¡Por mi vida, yo no te conozco por lo que me dices, ni poco ni mucho, y jamás ocurrieron las cosas, ni depositaste conmigo nada, y yo no soy apto para el depósito!».

Y le dijo rabí Yehoshua: «Si es así, entonces ve conmigo al rey para juzgar entre mí y entre ti». Y fueron ambos, y llegaron hasta delante de la puerta del rey, y pidió permiso para entrar, y le dieron permiso. Y entraron ambos delante del rey, y le pidió los dinares, y dijo: «No sé». Y le dijo el rey: «Aporta prueba sobre tus palabras». Y trajo a los dos hombres fieles, y testificaron sobre el ciego que recibió mil dinares de rabí Yehoshua.

Y respondió el hombre ciego al rey: «Señor mío, esto no es verdad jamás, y nunca me dio nada». Y ordenó el rey colgarlo [ahorcarlo]. Y estando ellos yendo en el camino para colgarlo, he aquí que un hombre vino y le dijo a su oído: «Yo escuché a tu mujer conversando con fulano y divirtiéndose con él, y diciéndole: "Espera hasta que muera mi marido el ciego, y me casaré contigo por mujer, y nos comeremos los mil dinares juntos, tú y yo"».

Y al escuchar el hombre ciego sus palabras, gritó con gran voz diciendo: «¡Bajadme y iré y traeré los dinares!». Y lo desataron, y fue y trajo los dinares. Y le dijo rabí Yehoshua: «Todo esto me hiciste, y yo di el dinero con dos testigos justos; cuánto más, ¿qué habría hecho si los hubiera dado sin testigos? Pero sin duda que tu Creador, con rectitud y verdad, te creó ciego, y fue justo contigo por la maldad de tus obras».

Y respondió el rey a rabí Yehoshua, y le dijo: «Verdad y firme, correcto y establecido, que vuestro Dios es justo en sus juicios y recto en sus atributos, y no hay ante él iniquidad, y uno es Él y no hay segundo junto a Él».


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