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26. Jibur Yafé Mehayeshuá - El relato de Onkelos el prosélito


Cómo Onkelós rechazó su status en Roma por su amor a la Torá

Y asimismo se dice de Onkelos el prosélito (Avodá Zará 10), quien compuso la traducción de la Torá, y él era prosélito, y oyó de él el emperador [Adriano] que se había convertido, y envió mensajeros para traerlo ante él. Y al verlos, se sentó y expuso y les dijo explicaciones de la Torá y su recompensa, hasta que se convirtieron.

Y envió por tanto mensajeros por segunda vez, y les ordenó que no disputaran con él, para que no les hiciera como hizo a los primeros. Y les dijo: «Escuchad de mí una sola cosa». Y le dijeron: «¿Qué es la cosa?». Y les dijo: «Es la costumbre del mundo que el siervo camine delante de su amo con una antorcha y una lumbrera para mostrarle el camino». Y dijeron: «Así es». Y les dijo: «Ved lo que hizo el Santo, bendito sea Él, con Israel, pues está dicho: “Y el Señor va delante de ellos de día”, etc.». Y les expuso explicaciones hasta que se convirtieron.

Y envió el rey emperador mensajeros terceros, y les mandó que no hablaran con él ni oyeran de su boca cosa alguna. Y fue con ellos, y levantó sus ojos y vio la mezuzá en el umbral, y puso su mano sobre la mezuzá. Y le dijeron: «¿Qué es esto?». Y les dijo: «Es la costumbre del mundo: un rey de carne y hueso, para entrar de habitación en habitación hacia adentro, y sus príncipes y sus siervos lo guardan y se sientan en las puertas; mas el Santo, bendito sea Él, no hace así, sino que los introduce hacia el interior de su casa, y Él se sienta en los umbrales de su casa para guardarlos, tal como está dicho: “El Señor guardará tu salida y tu entrada”, etc.». Y se convirtieron también ellos al ver esto. Y al ver el emperador esto, se abstuvo de enviar más mensajeros.

Observa la grandeza de este piadoso en sus hechos, y él era un prosélito que amaba la sabiduría y la Torá.

(Eduyot, fin del cap. 5) Un hijo pidió a su padre que enfermó y se inclinó a morir, y suplicó a su padre que le ordenara a sus amigos acercarlo. Y le dijo: «Hijo mío, tus obras te acercarán y tus obras te alejarán». Dijeron nuestros maestros, de su memoria bendita: «Cuidaos de los ignorantes de la Torá (améi ha-áretz), no sea que de ellos salga la Torá». Mas te digo parte de sus cualidades: que si aprendieron ellos un poco, son arrogantes en el mundo, y ellos piensan que alcanzaron todas las sabidurías y se glorían en ese poco que aprendieron, y los hombres son aborrecidos, tal como está dicho: “Con corazón recto descansará la sabiduría”, etc.; este es un discípulo sabio hijo de un am ha-áretz.

Dijo Ulá: «Esto es lo que dicen las personas: "Una jarrita en la tinaja, hace ruido, hace ruido". Explicación: un poco de mosto en la vasija, paja, paja proclama cuando mueven la vasija; y si la vasija está llena, aunque la muevan, no se oirá lo que hay dentro de ella».

Y la costumbre de los plebeyos: si hacen una pregunta a los sabios, se apresuran a dar respuesta antes de los mayores que ellos. Y el sabio prudente no se apresura a responder como la costumbre de los plebeyos, tal como dijeron los sabios: “Y dijo Memuján delante del rey”: de aquí que el pequeño salta a la cabeza, por cuanto era el menor de los príncipes, puesto que está al final del versículo, tal como está dicho: “Y el cercano a él, Karsená”, etc., y al final de ellos escribió Memuján; y por cuanto habló con prisa delante de los príncipes, fue llamado plebeyo.

Mas le conviene al hombre hablar en un lugar donde no hay un grande que él, tal como dijeron: «En el lugar donde no hay hombre, allí sé hombre; y en el lugar donde ves a un hombre, allí no seas hombre». Por tanto, no hallarás para el cuerpo algo mejor que el silencio, tal como dijeron: «Hermoso es el silencio para los sabios, cuánto más para los necios». Y dijeron además: «Una palabra en una moneda de plata, y el silencio en dos». Y dijeron: «El remedio de todo es el silencio», es decir, lo esencial de cada cosa es el silencio.

Pero hay lugares donde el entendido necesita hablar, enseñar y disciplinar, y también advertir a los hombres para guiarlos por el camino recto, pues dijo rabí Itzjak: ¿Qué es lo que está escrito: “¿En verdad, oh mudos, hablaréis justicia?”, etc.? ¿Cuál es el oficio del hombre en este mundo? Que se ponga a sí mismo como un mudo. ¿Puedo [decir esto] incluso para las palabras de Torá? La Torá dice: “hablaréis justicia”. Y dijo David, de su memoria bendita: “Y mi lengua meditará tu justicia”, etc.

Y dijeron nuestros maestros, de su memoria bendita: Por tanto, mereció Hillel que buscó la Torá y la aprendió en medio de la pobreza. Y ya había en él una buena cualidad y un corazón muy bueno, y por eso la halajá era conforme a él; en todo lugar donde discreparon la Casa de Shamai y la Casa de Hillel, la halajá es siempre conforme a la Casa de Hillel, excepto unas pocas halajot ya explicadas en el cap. 1 del tratado Yevamot.

Y mencionaron los sabios un poco de sus buenas cualidades y dijeron: «Sea siempre el hombre manso como Hillel, y no sea iracundo como Shamai».


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